Moisés Royo · 01 novimebre 2025  · En obra · Estructura · Villa

 

Entre la caja y el paisaje: dos maneras de mirar Villa Ciervo

Desde la calle, Villa Ciervo se presenta como una pieza blanca, clara y contenida. Hacia el interior de la parcela, la misma arquitectura se vuelve más abierta, traslúcida y vinculada al jardín. Una casa construida desde dos formas distintas de relacionarse con el exterior.

Una casa puede tener más de una manera de presentarse.
Villa Ciervo tiene, al menos, dos.

 

Desde la calle, la vivienda se percibe como una caja blanca, clara y contenida. Desde el interior de la parcela, esa misma pieza cambia: los espacios se vuelven más traslúcidos, las visuales se prolongan y el jardín empieza a formar parte de la arquitectura.

 

No se trata de dos casas distintas. Es una misma geometría respondiendo de manera diferente a aquello que encuentra a cada lado.

 

Hacia fuera, precisión y contención.
Hacia dentro, apertura y relación.

Una geometría clara

El proyecto parte de una voluntad precisa: insertar en Somosaguas una pieza limpia, reconocible y de geometría controlada.

 

La vivienda se desarrolla en tres plantas a lo largo de una crujía prácticamente constante. Esa regularidad permite que el volumen mantenga una lectura unitaria incluso cuando su interior empieza a responder a programas y situaciones diferentes.

 

La forma no necesita multiplicar gestos. Su fuerza está en mantener una regla y hacer que las variaciones ocurran dentro de ella.

 

La casa se reconoce como una pieza antes de que podamos comprender todas las partes que contiene.

Dos fachadas, dos condiciones

La diferencia entre el frente exterior y el alzado hacia la parcela es uno de los aspectos más significativos del proyecto.

 

Hacia la calle, la vivienda conserva la condición de caja pura blanca, enmarcada por una estructura de hormigón. La imagen es abstracta y unitaria.

 

Al otro lado, la composición cambia. Un zócalo inferior más macizo contiene las estancias de sótano y el garaje; sobre él aparecen dos niveles mucho más transparentes, donde distintas cajas adquieren protagonismo.

 

La arquitectura pasa así de proteger a mostrar, de contener a relacionar.

 

No porque una fachada contradiga a la otra, sino porque cada una responde a una situación distinta.

La cubierta que reúne

Por encima de esas diferencias aparece un elemento capaz de devolver unidad al conjunto: la cubierta.

 

Una estructura de hormigón enmarca la vivienda y se prolonga como una gran línea común. Su función no termina en proteger el interior.

 

La cubierta construye sombra y reúne espacios interiores y exteriores.

 

Bajo ella, las distintas cajas pueden abrirse hacia la parcela sin perder la lectura conjunta de la casa. El límite deja de coincidir exactamente con el cerramiento: la arquitectura continúa en el espacio protegido que queda debajo de ese plano superior.

 

La sombra se convierte así en una forma de extensión.

Mirar desde dentro

La memoria del proyecto plantea que todos los espacios mantengan relación con el entorno exterior. Esa decisión modifica la experiencia de la vivienda desde dentro.

 

El jardín deja de funcionar únicamente como aquello que rodea la casa. Entra visualmente en las estancias y acompaña los recorridos.

 

La arquitectura no se limita a ocupar la parcela. Construye maneras de mirarla.

 

Cada apertura prolonga la profundidad de una habitación. Cada espacio exterior cubierto introduce una transición. Cada transparencia reduce la distancia entre la vida doméstica y el paisaje próximo.

Peso y transparencia

Villa Ciervo se construye también mediante una oposición muy clara.

 

Abajo, un zócalo macizo.
Arriba, dos plantas más traslúcidas.

 

El peso se concentra en la base mientras las plantas superiores parecen adquirir mayor ligereza. Las cajas se hacen visibles dentro del marco general y la casa empieza a leerse por estratos.

 

Esa diferencia permite que estructura, cerramiento y espacio exterior no se perciban como elementos aislados. Cada uno contribuye a graduar cuánto pesa, cuánto se abre y cuánto se protege cada parte de la vivienda.

Una casa entre dos miradas

Quizá Villa Ciervo pueda entenderse precisamente desde esa doble condición.

 

La mirada de quien llega desde la calle encuentra una pieza contenida, casi abstracta. La mirada de quien habita la casa encuentra, en cambio, una arquitectura que busca constantemente el exterior.

 

Caja y paisaje.
Masa y transparencia.
Hormigón y sombra.
Protección y apertura.

 

No son decisiones independientes. Son distintas maneras de construir el límite.

 

Porque una vivienda no tiene por qué abrirse de la misma forma hacia todas partes.
También puede decidir dónde protegerse y dónde dejar que el paisaje entre.

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